Comunícate con nosotros




a

Lorem ipsum dolor sit amet, conse ctetur adip elit, pellentesque turpis.

Bienvenidos Síguenos

Image Alt

Jugando a la mafia

¿De niño se entretenía con soldaditos o legos? ¿Pasaba horas en el jardín jugando con una pelota, con canicas o al bebeleche? Tal vez recuerde largos ratos de su infancia en el que enterraba “tesoros”, coleccionaba piedritas de colores y juntaba hormigas, catarinas o cochinillas…

O a lo mejor le tocaron cosas más modernas: ¿tuvo un carrito de control remoto? ¿Pasaba gran parte del día jugando al Atari o al Nintendo?

Sea cual haya sido su época y sus formas de entretenimiento, no se divertía en sus ratos libres como lo hacen los niños y adolescentes de esta generación. Y es que los carritos, las canicas y los innumerables juegos que surgían de la imaginación de los niños, han sido sustituidos por videojuegos violentos en donde el jugador ya no es Mario o Luigi, ni un príncipe que intenta rescatar a una princesa… ahora el protagonista es un delincuente.

Su hijo: El criminal protagonista. 
Si le tocó el principio de los videojuegos, tal vez recuerde mundos fantasiosos, en donde se podía volar, descubrir tesoros, encontrar pasadizos secretos y luchar contra un dragón. Probablemente jugó carreras de autos o muy seguramente al Tetris, en donde tenía que acomodar figuras para ir sumando líneas y puntos.

¿Puede imaginarse que sus hijos ahora estén jugando a ser unos criminales, completamente armados, que salen a realizar “misiones” en medio de tiroteos, autos deportivos, casinos, clubes nocturnos, y que el premio sea dinero? ¿Sorprendido?

Tal vez los padres de hoy no saben el tema de los videojuegos que mantienen a sus hijos hipnotizados frente al televisor. Es natural que cuiden las películas o programas que pueden no ser aptos para menores, pero ¿quién pensaría que ahora el XBox o el Play Station, además de enseñarles una violencia cruda, fácil y divertida, los hagan los protagonistas de un asalto?

Como ejemplo, está uno de los videojuegos más vendidos: Grand Theft Auto. Este juego fue desarrollado en Escocia en 1997. Su naturaleza no linear (no existen niveles, se tiene la libertad de elegir las “misiones” que se quieran realizar) y su temática violenta, lo hicieron escalar rápidamente y convertirse en un “best seller”.

El jugador puede robar desde un camión de basura, hasta patrullas de policías, cometer crímenes varios como asaltar un banco o dispararle y atropellar a la gente que camina a su alrededor.

Dos años más tarde, el exitoso videojuego introduce GTA 2, en donde ahora incorpora el concepto de gángsteres y la disputa de poder en la ciudad. Los enemigos del jugador son el FBI, la SWAT y hasta las fuerzas armadas. Entonces el jugador se convierte en un miembro de la mafia, prófugo de la justicia.

Las “misiones” consisten, por ejemplo, en ir a golpear a un distribuidor de cocaína que irrumpió en su territorio, robar armas militares y “eliminar” a mafiosos de otros bandos.

El éxito obtenido con estos dos videojuegos fuera de serie, los llevó a realizar un tercero, agregándole todavía más elementos que lo hicieran aún más emocionante. ¿Qué puede hacerlo más excitante?  Sus creadores tuvieron algunas ideas.

En esta versión, se puede levantar a prostitutas por unos cuantos dólares y después de estar con ellas, la energía o “vida” del jugador aumenta. Luego de haber “revivido”, se les puede abandonar o bien, darles un tiro en la cabeza y dejarlas muertas.

Esto, más la introducción de voces de famosos en los diálogos del juego, convirtieron a este episodio en uno de los juegos más vendidos de todos los tiempos. Logró colocarse en más de 8 millones de hogares alrededor del mundo. ¿Suficiente?

Claro que no. GTA sigue sacando nuevas versiones del juego cada año, permitiendo al jugador moverse más libremente por toda la ciudad, y comprar propiedades como ostentosas mansiones, edificios y autos de lujo.

Los jóvenes ahora venden drogas, matan a personas y roban bancos y con el dinero que recibe de sus crímenes o “misiones cumplidas”, puede darse el “lujito” de vivir como grande y comprar lo que quiera.

¿Game over o misión cumplida?
Al hablar de la educación de los hijos, no se puede separar los diferentes ambientes y los distintos factores que intervienen en ella. Tal vez los papás se esfuercen mucho en inculcarles buenos hábitos y valores como la honestidad, la responsabilidad, el trabajo constante y perseverante, el respeto…

Pero, ¿qué pasa cuando tantas ideas se contraponen? Papá hablándole del trabajo honesto y digno, y él recibiendo millones de dólares en la pantalla por haber exterminado a su rival en venta de drogas.  Mamá inculcándole el valor del respeto, y él atropellando y disparando a quien se le ponga enfrente, robando bancos y autos para tener lo que quiera.

Es necesario ser coherente en lo que se inculca, al menos en todo lo que como papás se puede controlar.

Estos videojuegos son dañinos para la salud mental y emocional de niños y adolescentes, y para su formación en los valores universales.

Sin duda en los próximos años surgirán resultados de estudios que apunten a un aumento en la violencia y delincuencia de los menores influenciados por este tipo de juegos. ¿Y cómo no? Todo parece tan real, tan fácil… y tan divertido.

Pero, ¿qué se puede hacer?  Por lo pronto, no permitir que nuestros hijos sean víctimas de estas nuevas formas de entretenimiento crudo y vil.

La tecnología ha avanzado impresionantemente en los últimos años, ya no es sólo la televisión la que puede influir negativamente en la formación de los hijos. Por ello, es necesario cuidar los juegos y el Internet también, es sorprendente la cantidad de información y entretenimiento no apto que está a su alcance.

Cumplir la misión de educar y velar por que nuestros hijos sean hombres y mujeres de bien, tal vez implique supervisar o prohibir este tipo de juegos en casa.

Es recomendable revisar lo videojuegos que compran; supervisar su navegación por Internet (estos juegos también están disponibles en la red); estar al pendiente y siempre actualizado en juegos, sitios web, avances tecnológicos para poder guiar a los hijos por el camino que más se apegue a los ideales de formación de nuestra familia.