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Mi hijo adolescente está cambiando, la comunicación con mi hijo debe cambiar

Ahora que mi hijo está creciendo, ¿debo comunicarme con él de una forma distinta? Podemos decir que en muchos sentidos la comunicación con mi hijo debe ser diferente, sobre todo debemos cuidar mucho más la forma en la que nos dirigimos hacia nuestros hijos.

Entre los 9 y los 13 años nuestros hijos empiezan a cambiar y por lo tanto nuestra relación con ellos también debe cambiar. Hasta antes de este momento nuestra relación con ellos se basa en el apego, sin embargo el inicio de la adolescencia exige cierta separación, mayor autonomía y desapego. Este proceso de búsqueda de independencia implica casi invariablemente un aumento en las diferencias, los conflictos, el desafío y la separación.

Los padres deben aprender a: dar más privacidad y permitir sobrellevar las cosas con menos información de la que les gustaría; tolerar más discusiones y; permitir más intentos por definir su identidad aun y cuando esto implique desviarse un poco de los criterios familiares y todo esto debe ser hecho sin dejar de establecer límites y respeto. Lo más importante que debemos entender es que es normal e incluso necesario que nuestros hijos se alejen un poco de nosotros al llegar la adolescencia, de otra manera jamás llegarían a ser adultos.

Todo esto nos obliga a reflexionar que aquellas estrategias que funcionaban con mis hijos más pequeños ya no pueden ser iguales, dicho de otra forma, no les podemos “contar hasta tres” a nuestros hijos adolescentes para que nos obedezcan, sino que tendrá que existir más dialogo, en ocasiones, sólo en ocasiones será necesario negociar antes de llegar a un acuerdo. En resumen, me gustaría decir que si queremos que nuestros hijos se comporten de una forma más madura, debemos tratarlos un poco más como adultos y esta será la mejor forma de expresar respeto por ellos y por los cambios que están teniendo. A continuación les propongo algunas herramientas para comunicarnos con nuestros hijos que están dejando de ser niños.

Sus discusiones son una expresión de independencia

El discutir es una forma de comunicación menos pasiva y por lo tanto es interpretada por el adolescente como un medio para ser más independiente. Los padres estaban acostumbrados a una obediencia más silenciosa y por lo tanto se sienten desconcertados cuando empiezan a escuchar más reclamos, desafíos y cuestionamientos a su autoridad. Es importante que los padres sepan respetar este cambio y que lo aprovechen para conocer como están sus hijos, que sienten y que piensan. Esta también es una excelente herramienta para enseñarles a conducirse con respeto aun y cuando están molestos o en desacuerdo. Hay que entender que aunque la idea es darles más espacio para expresarse, hay que seguir estableciendo límites, por ejemplo: “entiendo que estés molesto porque quieres que te de permiso, pero si quieres decir algo tienes que hacerlo sin faltarme al respeto y sin gritar”.

Pedir en lugar de dar órdenes 

El niño estaba acostumbrado a ser cuestionado por sus padres y se sentía obligado a responder. Esto cambia con la adolescencia y debemos saber respetarlo, sin embargo esto no significa que podamos dejarles hacer lo que quieran sin jamás hacer pregunta alguna. Lo que esto significa es que debemos conducirnos con más respeto y mas serenidad al preguntarles donde estuvieron, por qué quieren ir a determinado lugar, qué es lo que están sintiendo, de forma que les ofrezcas la alternativa de elegir libremente darte la información que estás buscando. Podríamos intentar algo así: “Ayúdame a entender que es lo que está pasando o que es lo que sientes”; ó “sería muy importante para mí que me explicaras que sientes, así yo podría estar mucho más tranquilo y no te estaría dando tanta lata”; en lugar de formas más agresivas como “me vas a decir ahora que traes”.

Una escucha activa y completa

Los adolescentes normalmente tienen mucho que decir cuando quieren explicar sus deseos, intenciones, opiniones, desacuerdos o justificación por sus actos. Por cansancio, distracción o impaciencia los padres pueden interrumpir, ignorar o incluso mandar callar a sus hijos sin darse cuenta que esto los aleja y que de alguna forma les están faltando el respeto a sus hijos. El mensaje que le damos a nuestros hijos con sólo escucharlos es “lo que tengas que decirme, vale la pena tomarse el tiempo para escucharlo, de la misma forma que espero tu me escuches a mi”. Escucharlos no significa ceder en todo lo que piden o estar de acuerdo con todo lo que dicen, simplemente expresar respeto por lo que tienen que decir estableciendo por supuesto los limites adecuados como evitar gritos o malas palabras.

Ser accesibles y estar disponibles cuando quieran hablar

A diferencia de los adultos, los adolescentes dependen más de su estado de ánimo antes de poder entablar una conversación, sobre todo cuando se trata de algún tema sensible para ellos. Esto significa que en muchas ocasiones pueden no sentirse listos para hablar de algún tema y en ese momento es importante pedirle que cuando esté listo para hablarlo, puede contar contigo. De esta forma se le está respetando la preparación emocional que necesitará para abordar el tema en cuestión. En la medida de lo posible, con los límites ordinarios del sentido común, cuando el hijo se acerca a sus padres y les dice estar listo para hablar, los papás deben saber hacer a un lado lo que están haciendo para escucharlos. Hay que entender que si nosotros que somos los adultos le decimos a nuestros hijos “ahorita no, mejor hablamos luego”, ese “hablamos luego” puede significar nunca. Cuando es al revés y somos los papás quienes queremos hablar con nuestro hijo y existiera cierta premura por tocar algún tema, basta decirle algo así como “tenemos que hablar de esto antes del fin de semana, tú dinos cuando estés listo para hablar con nosotros”.

En resumen, debemos recordar que si queremos que nuestro hijo se porte más como adulto, debemos entonces tratarlo más como adulto. Nuestra comunicación debe ser distinta ya que nuestro hijo está creciendo. El seguirlo tratando como niño es una forma de faltarle al respeto y de propiciar en él una conducta más infantil. Recordemos que la adolescencia es una etapa complicada para todos, busquemos los medios para no hacerla más complicada de lo que ya es.

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